lunes, 12 de diciembre de 2011

Canadá

"es como que se largue la tormenta y estés vestido formal"

Me gusta caminar abajo de la lluvia -sin usar paraguas-. De hecho, me siento mas libre de hacerlo que hace un par de años atrás.
En esos días los poros de la piel se me abrían tanto ante cualquier ilusión, que casi los confundía con cráteres y viajaba a la luna. Puedo ver en los recuerdos como el motor propulsor de sangre me sonreía hasta hacerme llorar -creo que eso fue lo que a él lo hizo abrupta, pero lentamente, cruzarse de vereda y en dirección contraria-.

Dicen que sobreestimar supuestos tesoros te convierte en una fanática de posesiones. Hoy, despojada de mapas y cofres, recuerdo esos tiempos y esbozo silenciosas carcajadas. Me parecen ridículamente adorables aunque quizás hasta equivocados y patéticos.
Entonces zombis sucumben de incoclusiones para seguir cosechando horrorosos lazos. Pero mi cuerpo ya no tiembla como entonces.Fue dejando de estremecerse ante ingenuidades mal vestidas. Se fue deslizando por senderos sinuosamente mas fríos para engañar su temperatura natural. Estetisismos superficiales que me dejan desnudarme con facilidad y ya no provocan a gotas saladas filtrarse por el iris cuando me inundan irrefrenables ganas de que me haga el amor.
Desde entonces comencé a ser mas cautelosa con el derroche de sentimentalismos, la escases del agua es algo que me preocupa.


Pero la lluvia...
La lluvia aún me conmueve.

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