Basura, solo
escribir basura, basura verborrágica, vómito tipográfico. ¿Eso deshace esta
adhesiva forma de querer abordarnos? ¿Nos hace entregarnos por completo al
magnetismo?
Claro que no.
Hace excusar
el tiempo. El famoso tiempo líquido se vuelve irremediablemente solido cuando
hay tanto en la mente. Uno va encontrando las formas más diversas de estirar la
dura consistencia temporal. La cama se vuelve la pesadilla. La carne un órgano
inutilizado, desaprovechado. ¿Cuánto potencial hay en las acciones aletargadas?
¿Cuánto la demora vale las falencias? Los preconceptos aniquilan los hoyos que
quieren llenarse, las bocas que quieren saciarse, los órganos que quieren
despertarse. Es el morir de las oportunidades expeditivas, de la exploración de
lo desconocido, de la excursión por nuevos cuerpos. ¿Cuantas hierbas hay que
probar para apagarse un poco, para recordar lo que es un sueño, para no sentir
la libertad convertida en ausencia?