Sus retorcidas pretensiones emergen tras su anillo de compromiso.
El departamento en plena construcción -a solo 200 metros del lugar donde plasmaba sus aventuras de parche de media noche con una de sus amantes- parece anunciar una nueva escusa para realizar su oficio predilecto.
Y la transferencia llama nuevamente a mi puerta cual (g)rito cegador.
Escucho como le otorga a su pareja un rol villano. Me desagrada como esa ilusa -enamorada- mujer es tratada sin saberlo.-Podría ser yo- Su despreocupada responsabilidad al respecto deja mucho que desear.
Me olvido de eso luego de unas apetecibles palabras y lógicamente sucumbo a la lujuria una vez mas.
¿Y como no hacerlo? Plasmando de tal manera los mas bajos instintos. Penetrando en las profundidades mas voraces. Evocando apetitos roedores. Regocigandose en el fortuito encastre de piezas. Rindiéndose en la temperatura mas extrema, en los placeres mas tenaces...
Nunca el deseo sabió tan perfecto.
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